¿La depresión es heredada o aprendida?

 

En primer lugar debemos tener siempre en claro que al igual que cualquier otro problema de salud, la depresión se considera de origen multifactorial, pues para su manifestación se requiere de la presencia de un conjunto de factores genéticos, ambientales, sociales, etc., que impacten en la persona detonando su origen. Y aunque
los estudios revelan que todos ellos pueden tener el potencial de generar depresión en nosotros, diversos autores han hecho sus aportes individuales. De modo particular, mi perspectiva coincide con la teoría que Martin Seligman ofrece dentro de la psicología, pues (de forma muy resumida), él propone una perspectiva en la que se apuesta por entender a la depresión como una condición aprendida. Sé que suena interesante, te platicaré más al respecto. Mira, este autor recopiló un conjunto de investigaciones en las que se mostraba la importancia que tienen sobre nosotros las vivencias personales que cada quien tenemos, el contexto en el que crecemos y las habilidades o recursos personales con las que contamos para hacer frente a diversas problemáticas de la vida diaria. Todo esto en conjunto, lo llevó a su postulado de la “indefensión aprendida” como origen de la depresión, vamos a entender más a fondo dicha propuesta.

La “indefensión aprendida” se puede entender como un estado mental y conductual en el que la persona ha aprendido que “no vale la pena luchar por las cosas que se quieren, pues de todos modos, nunca se logra lo que se quiere”, es decir, es como si entraramos en un punto en el que nos hemos dado por vencidos debido a que hemos
estado expuestos quizá desde chicos (o por lo menos, en diversas ocasiones) a un conjunto de problemas, situaciones aversivas, abusos, fracasos y desesperanza sin poder lograr encontrar soluciones para ello. Por tal motivo, la conclusión que nos hemos quedado del mundo, de las demás personas y de nosotros mismos, es muy negativa y desalentadora.

Te voy a poner dos ejemplos para que puedas aterrizar las ideas, un ejemplo será sencillo y otro más profundo. Imagina a un niño pequeño que acaba de descubrir que arriba de un mueble alto de la cocina hay una lata de galletas, la cual, desea con ansias poder alcanzarla, le pide a sus padres que la bajen y le den unas galletas pero se lo niegan repetidas ocasiones, después, cómo es natural, el niño tratará de “luchar” por eso que quiere, esperará el momento adecuado e intentará subirse en una silla para alcanzarlo, pero se encuentra con la sorpresa de que aún arriba de una silla no alcanza, brinca poniendo su vida en peligro y sigue sin alcanzar, recurre a subir una silla en otra
y ¡pum! Cae con fuerza al piso, sale herido y no logró alcanzar las galletas. Sus padres corren a su auxilio y su padre baja la lata para demostrarle que en esa lata solo había hilos y agujas que la abuela usa para tejer. Imagina la desilusión que este niño sintió ¿Crees que en una siguiente ocasión que vea una lata de galletas en esas condiciones lo volvería a intentar? O ¿habrá aprendido que esa lucha “no sirvió de nada” y generado una gran desmotivación al respecto? Ahora piensa este mismo escenario en una persona adulta que cuando trata de practicar un deporte repetidamente falla, que ha tratado por años de bajar de peso sin éxito, que vive con familiares que desde su infancia le enfatizan todos sus defectos y fracasos y ha tenido dificultades con compañeros de su trabajo que en vez de solucionarse parecen complicarse más cada que trata de hablar con ellos. Bueno, pues
toda esa información que este adulto real está recibiendo de su vida y de su entorno, está marcando una huella muy fuerte en su memoria y aprendizaje, que le hace saber que “no puede hacer nada para solucionar sus problemas y ha llegado el momento de rendirse”. Su pensamiento se llena de creencias sobre no poder, no valer, no servir,
etc., su auto-concepto es bajo, pierde motivaciones y todo en su funcionamiento neurobiológico comienza a tener cambios y verse inhibido. Es como si su cerebro decodificara: “si no ocupo luchar, aparentemente tampoco necesito esas sustancias que cerebralmente me llevan a luchar”, digamos que “apagamos motores”. ¿Qué piensas ahora? Quisiera poder conocer lo que piensas al respecto.

En lo personal ésta hipótesis del origen de la depresión tiene mucho sentido para mí. Y debo decirte que entenderla de esta forma también nos ayuda a encontrar formas claras y basadas en la evidencia científica, para poder “revertir estos daños” o bien “re-aprender sobre la vida” dándome cuenta que “quizá muchas cosas no pueda, pero muchas otras sí, que quizá antes he fallado pero ahora puedo desarrollar una nueva habilidad y que quizá no he resuelto problemas pero puedo descubrir nuevas alternativas que no he intentado aún”.

Te invito a acudir a un proceso de terapia individual para comenzar con este maravilloso proceso de reaprender sobre la vida, sobre las personas que nos rodean y lo más importante: desarrollar un nuevo concepto de ti mismo y de tus habilidades y recursos.

Escrito por:  Albertina Zepeda

Esperamos este artículo haya sido de tu agrado y te invitamos a compartirlo con aquellos que lo puedan necesitar. Recuerda que Psicomérida somos una clínica en Mérida, Yucatán orientada a promover el desarrollo humano, salud mental y bienestar emocional de niños, adolescentes y adultos a través de procesos de terapia psicológica, terapia de pareja, psicoterapia infantil.

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