La crianza de los hijos pequeños. Una etapa de la familia con sabor agridulce.

En la actualidad se ha modificado el concepto de “Familia” y puede ser formada por diferentes elementos que ya no implican un rol tradicional. Se encuentran así, familias formadas por personas del mismo sexo, con o sin hijos, familias reconstruidas cuando ha habido separaciones y se vuelve a formar una familia, con o sin hijos, familias extensas, donde no solo se encuentra cohabitando la familia nuclear sino que implica la introducción de otro pariente en casa (abuelos, tios, hermanos, etc.) y muchas combinaciones mas.

A pesar de estas diferentes formas, algunos problemas pueden ser permanentes o repetitivos tal como lo serian en una familia tradicional (padre, madre e hijo(s)) y esto sucede debido a que, así como existen etapas en el ser humano (nacer, crecer, desarrollarse y morir), también existen diferentes etapas en la pareja/familia que traen consigo una naturaleza de conflictos por resolver. Si la pareja decide tener hijos, entonces las etapas se convierten en un camino muy marcado y menos flexible que en otros tipos de parejas. La pareja atraviesa primero por el enamoramiento, después por el compromiso formal, avanza hacia la crianza de los hijos, después hacia la experiencia del nido vacío (cuando los hijos se van) y finalmente el re aprender a vivir solos como pareja. 

Con este preámbulo, este artículo pretende enfocarse a una etapa en particular: la etapa de la crianza de los hijos pequeños. Esta etapa es una de las más difíciles porque tiende de manera natural a desconectar a la pareja ya que tiene como característica principal la reorganización de tiempo y actividades que ahora gira en torno al hijo o a la hija, dando como resultado el distanciamiento de la pareja, pues se deja de mirar a la misma para poder mirar ambos al hijo o hija, es decir, antes solo se tenían que preocupar por sí mismos (as) y por su pareja pero ahora, hay más. En otras épocas, el conflicto de esta etapa podía sobrellevarse o no aparecer debido a que se promovían los roles tradicionales en la familia: el hombre provee y la mujer se quedaba a cargo del cuidado de los hijos o hijas y del hogar. Con el creciente cuestionamiento de la equidad en estas actividades, el conflicto toma fuerza para quienes quieren hacer un cambio y buscar genuinamente ese involucramiento justo. 

Ha sido constante encontrar en los espacios de terapia individual o de pareja, el conflicto que atraviesan las familias que recién experimentan el rol de ser madre o padre. Generalmente llegan al proceso de terapia con un agotamiento excesivo debido al acumulamiento de estrés  que implica este nuevo rol. Se observa a una parte (generalmente quien ejerce el rol el padre) sintiéndose insuficiente en su labor como proveedor, intentando incluirse en el cuidado del bebé o en las labores del hogar y a la otra parte (generalmente quien ejerce el rol de madre) tomando casi de manera totalitaria el cuidado del mismo e intentando combinarlo con sus otras actividades (labores del hogar, su empleo, estudios u otro). El conflicto surge precisamente porque se busca un cambio: ser equitativos o sentir que se tiene una relación equitativa, pero este cambio implica por sí mismo una revolución de aprendizajes y deconstrucciones tradicionales de las que no se es fácil escapar, menos si han estado arraigados en su vida o en las generaciones pasadas; intentar combinar y reorganizar actividades, actitudes o pensamientos es una lucha constante. Muchas veces esta lucha no solo es consigo mismo(a) sino también con la familia extensa, o con la sociedad, o con los amigos, etc., que con todo sentido deja a una pareja agotada y desconectada. En este punto, por más que se intenta hacer acuerdos o tener comprensión no terminan de cumplirse o ser suficientes para lograr la estabilidad emocional en casa.

Bajo este panorama, imaginen si se van sumando factores como:

  • Dificultades económicas (por los costos que implica la llegada de un(a) hijo(a)
  • Los problemas de salud que pueden surgir en la madre o el bebé
  • La falta de redes de apoyo (familia, amigos) para recurrir y pedir ayuda.
  • El cambio de ciudad o estado
  • El no haber atravesado por etapas anteriores como enamoramiento o vivir solos

¿Qué otros factores podrías añadir que consideras que influyen en el aumento del conflicto en esta etapa? Seguramente has vivido algo así o conoces a alguien que ha tenido estos desajustes. 

La sugerencia primera es mantener una visión compasiva de lo que en este momento se está viviendo, cada etapa tare consigo cambios y con esos cambios, conflictos que llevan tiempo para volver a acomodarse. La siguiente sugerencia es pedir ayuda; nadie es experto en un nuevo ciclo de vida y hay personas que pueden haber atravesado por ello y apoyar, no tienes que resolver esto solo o sola. La última sugerencia no menos importante es darse el tiempo para ir a terapia ya sea individual o de pareja, pues este espacio muchas veces se convierte en la hora para poder hacer catarsis de todo lo que se ha estado acumulando y en pareja se convierte también en un espacio para poder mirarse de nuevo, mirar la lucha que cada uno esta teniendo y a partir de ahí propiciar una comunicación afectiva que motive al cumplimiento de los nuevos retos o acuerdos.

Liliana Sandoval

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