Todos nos encontramos en una constante búsqueda de estar mejor, de sentirnos bien y en armonía, no sólo con nosotros mismos, sino también en nuestras relaciones significativas, con nuestra pareja, con nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo y hasta con aquellos desconocidos con los que tenemos que interactuar constantemente. Además, buscamos sentirnos como una parte importante del mundo, adaptándonos a los inevitables cambios, exigencias, oportunidades. Estar a la altura de todas las exigencias que esto sugiere, resulta un reto que en muchos casos parece difícil de alcanzar. De hecho, la evaluación que hacemos de nuestra capacidad se ve fuertemente influida por la forma en que pensamos en nosotros mismos, en los demás y en el mundo. Es importante saber que nuestra interpretación personal de la realidad tiende a buscar la confirmación de nuestras propias ideas.

Para mantener una imagen positiva de nosotros mismos acerca de nuestra gestión de la realidad, necesitamos dar solución a múltiples dificultades y problema. Mientras este proceso nos da los resultados que esperamos todo marcha de maravilla, nos sentimos felices y adecuados en todos los ámbitos de la vida. La situación se complica cuando los resultados nos son tan buenos como esperamos, a pesar de que las estrategias que seguimos sean las mismas que hayan resuelto problemas similares en el pasado. Una falla común sería que pensemos que debíamos insistir en aplicar la misma estrategia, peor con más fuerza, para alcanzar un mejor resultado. Recordemos que, a pesar de la funcionalidad de la estrategia y de lo similar que puedan parecer dos problemas en muchas ocasiones tenemos que considerar las pequeñas diferencias que pueden generar grandes cambios en los resultados. Muchos de los trastornos psicológicos se generan por la rigidez de pensamiento y por las dificultades cada vez mayores que se ocasionan por las soluciones disfuncionales a las que insistimos en recurrir. Digamos que caemos en guiones redundantes con los que reproducimos y empeoramos los problemas, con la consecuente frustración y el impacto negativo en nuestra autoestima.

Una de las evaluaciones más disfuncionales que lleva al empeoramiento del problema y nos aleja de la capacidad para actuar de manera funcional es la que consiste en sobreestimarnos o subestimarnos a nosotros mismos, a los demás o al mundo. Sobreestimar una crítica, por ejemplo, puede llevar a que tomemos un comentario casual y lo transformemos en nuestra mente en un ataque al que hay que reaccionar de forma agresiva. Por el contrario, subestimar una amenaza de personas claramente peligrosas nos puede poner en una situación vulnerable. Otro ejemplo muy cotidiano lo podemos ver en las personas que son muy capaces en su trabajo, con un desempeño incluso sobresaliente, pero que viven en un eterno estado de ansiedad, con la preocupación de no ser lo suficientemente buenos y alertas de las imaginarias críticas de sus compañeros o jefes, haciéndolas temerosas al rechazo y con la constante sensación de desconfianza. Desgraciadamente, no intervenir a tiempo en estos casos puede llevar a situaciones verdaderamente angustiantes, con comportamientos que influyen negativamente en el comportamiento de los demás, que será evaluado con una percepción deformada y llevará a comportamientos ansiosos o paranoicos que confirmarán las ideas disfuncionales y generarán unas relaciones displacenteras consigo mismo y con los demás.

La mejor forma para lograr una vida más feliz y funcional consiste en interrumpir aquellos mecanismos que mantienen el funcionamiento inadecuado que hemos establecido con nosotros mismos y con los otros. Acudir a terapia puede ayudar a identificar las estrategias disfuncionales e interrumpir el ciclo pernicioso que sostiene y empeora los problemas. Para esto no es necesario, en la mayoría de los casos de procesos largos o complejos. Acude con un profesional. Estamos para servirte.

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