Por mucho tiempo, nos han vendido por generaciones que no hay figura más perfecta que la de una MADRE; sin embargo, sin descubrir el hilo negro, hoy sabemos que no lo son, y que, es más, antes de ser madres, son seres humanos como todos los demás, con virtudes y defectos. Es en ese camino, donde muchas de ellas, han encontrado maneras distintas de relacionarse con sus hijos, tal es el caso de las madres narcisistas. Los hijos de estas madres tienden a sentirse personas malas, personas vacías, con bajo autoestima, con un sentimiento de que no son suficientes en cada cosa que hagan, dicha confusión es debido a la gran cantidad de disonancias cognitivas que introyectan estas madres como un mecanismo de control afectivo. 

Este tipo de abandonos tanto físico como emocional hacen creer a los hijos que no son importantes. Este tipo de madre provoca a la larga que los hijos hayan olvidado sus propios sueños y deseos, ya que el mensaje de esta madre pudiera llegar a ser inconsciente de las necesidades y deseos de sus propios hijos, ya que todo su discurso se enfoca en decir a sus hijos sobre lo que puedes ser, en lugar de validar lo que realmente eres, esto provoca que los hijos tengan dificultades en tener una identidad propia independiente, y con necesidades emocionales no satisfechas ¿te suena familiar?

Para Kernberg, la personalidad narcisista es básicamente una organización defensiva, ya que se gesta debido a la falta de amor auténtico, un amor que los padres no han sabido dar y que han tratado de compensar encontrando en los hijos algún talento excepcional, estas madres suelen tener una autopercepción de grandeza, que funciona como una adaptación que sirve para ocultar un inadecuado y defectuoso auto concepto, una ira expresada de forma verbal y una agresividad dirigida originariamente contra unos padres incapaces de ofrecer un amor incondicional. 

Entonces podríamos decir que una madre con personalidad narcisista es aquella que en algún punto de su emotividad quedó sin desarrollarse, donde además de esa grandiosidad, existe una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos dentro de los criterios diagnósticos del DSM V se dice que:

  1. Tiene un grandioso sentido de autoimportancia 
  2. Está preocupada por fantasías de éxito sin límites como de poder, brillantez, belleza o amor imaginarios.
  3. Cree que es “muy especial” y única, y que sólo puede ser comprendida por, o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) que son especiales o de alto estatus.
  4. Exige una admiración excesiva.
  5. Es muy pretenciosa, siempre tiene expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas.
  6. Es interpersonalmente explotadora, siempre está sacando provecho de los demás para alcanzar sus propias metas.
  7. Carece de empatía: es reacia a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.
  8. Frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a ella, aunque nunca lo reconozca.
  9. Presenta frecuentemente comportamientos o actitudes arrogantes o soberbios.

Estas son algunas de las características más relevantes que distinguen a este tipo de personas ¿te suenan familiares? ¿conoces a alguna madre así?, estos casos son reales y son más comunes de lo que parecen. Pon atención y trata de darte cuenta que ser así o estar relacionado con alguien así, muchas veces requiere de ayuda de un profesional de la salud mental.  

Pero no todo está perdido, ya, por último, comentar que Theodore Millon concibe a la personalidad como un continuo que va desde la normalidad (algunos rasgos) hasta la patología (trastorno), así, es que la persona encuentra un punto medio y dicho autor denomina “narcisista saludable” al que combina autoconfianza y empatía con el prójimo. Es decir, en tanto me amo puedo amar a otro, esta sería la apuesta a resolver este tipo de relación, se puede lograr, pero se requiere de ser consciente de ello, de aceptarlo y de trabajarlo, pero sin duda alguna, siempre valdrá la pena hacer el esfuerzo ¿no lo crees?

Por: Josman Espinosa Gómez

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