Abuso sexual infantil: cuando el lobo feroz está cerca

Abuso sexual infantil: cuando el lobo feroz está cerca

 

En el cuento de la caperucita roja (así como en muchos otros) nos enseñaron que el malo se ve como alguien feroz, feo, da desconfianza y suele ser alguien desconocido, pero ¿qué pasa cuando el malo de la historia, el que hace daño, luce como alguien a quien queremos y en quien confiamos porque comparte lazos consanguíneos con nosotros? ¿Qué pasa cuando no se ve como un lobo feroz, sino como un tierno abuelito, un tío, primo, hermano o como un amado padre? El abuso sexual puede generar mucha confusión en los niños.

Se pueden sentir asustados o avergonzados. El abusador pudo haberlos forzado o engañado para que aceptaran seguir con el abuso. Es posible que los niños sientan que no pueden decir que no porque se les enseña a obedecer a los adultos. Cuando a algunos niños les gusta la manera especial en que el abusador los trata, es difícil decir no al abuso y muchas veces por esta razón, los niños pueden sentir que el abuso sexual fue su culpa porque permiten que el abusador les toque sus partes privadas o porque ellos tocaron las partes privadas del abusador. Es importante que los niños entiendan que el abusador los hizo sentir confundidos o asustados. ¡Desde cualquier punto de vista, el abuso sexual siempre es culpa del abusador!

 

Es posible que los niños no le digan a nadie sobre el abuso sexual porque creen que estarán en problemas. Pueden llegar a pensar que nadie les va a creer, o tal vez no le digan a nadie porque el abusador les dijo que no lo hicieran. En muchos casos, algunos/as menores de edad no saben que están siendo violentados/as por su corta edad o por las características de esta violencia.

 

Expertos/as afirman que en México se denuncia menos del 10%, de lo que realmente sucede en el país. El abuso sexual, es un enemigo generalmente silencioso y que en ocasiones pasa desapercibido, pero se hace visible si logramos poner atención a las manifestaciones conductuales, físicas y emocionales en los menores.

 

El abuso sexual infantil es un problema social que nos atañe a todos y es compromiso de todos denunciar cualquier tipo de agresión a los niños ya que interfiere en el adecuado desarrollo de la víctima que lo sufre y repercute negativamente en su estado físico y psicológico

Es importante denunciar estos hechos para proteger a la víctima y a otros/as menores de edad, exigir la defensa de sus derechos que perciban que están siendo protegidos/as.

 

¿Cómo saber que una niña, niño o adolescente está siendo violentado/a sexualmente?

 

Algunos de los síntomas que manifiestan los niños y adolescentes, así como las conductas que comienzan a presentar y las heridas visibles que podríamos observar son los que aparecen a continuación:

 

 

Síntomas emocionales Signos físicos y conductuales de PROBABLE violencia sexual Signos físicos que indican haber vivido violencia sexual
Miedos Laceración genital (heridas) Hemorragia rectal
Fobias Moretones en el área genital Descarga vaginal
Pesadillas recurrentes, insomnio o sueño inquieto Dolor o molestia en la vulva, vagina y/o ano Hemorragia vaginal en niñas prepuberes
Ansiedad Molestia al orinar o enuresis

 

Esfínter anal laxo o inflamado, cicatrices fisuras anales
Depresión Orificio vaginal agrandado, himen cicatrizado Infecciones urinarias recurrentes

 

Culpa, vergüenza Retención de heces o heces verdosas Infecciones de transmisión sexual

 

Rechazo del contacto afectivo que antes era aceptado. Masturbación excesiva Embarazo
Miedo a determinada persona o intensa aversión a cierto lugar. Interacciones sexualizadas con otras personas
Manifestaciones de afectos o conocimientos sexuales inapropiados para su edad. Agresividad
Miedo a la obscuridad. Hiperactividad que antes no se presentaba
Miedo a que los bañen o vean desnudos. Aislamiento social
En la adolescencia es más común la idea o intento suicida, el ausentismo escolar o el consumo de drogas. Fugas de casa

 

Es importante aclarar que la presencia de algún síntoma o herida física no es necesariamente causa de abuso sexual pero sí es necesario estar atentos de los cambios emocionales o conductuales y llevar a chequeo médico para encontrar la causa o revisar si algún cambio emocional podría responder a una situación estresante para el menor. Ante la sospecha de que alguien pudiera estar abusando del o la menor, es IMPRESCINDIBLE ACTUAR alejándole de esa persona o de ese ambiente. Al menor SIEMPRE hay que CREERLE.

 

¿Cómo evitar que sufran abuso sexual?

Con estas estrategias se puede evitar que el o la menor sufra abuso sexual ya que de no emplearlas desde pequeños el riesgo de sufrir algún tipo de violencia sexual aumenta.

La educación afectiva y sexual en un entorno familiar y de respeto, es fundamental para los niños (as), así podrán identificar situaciones de abuso y comunicárselas a alguien de su confianza.

  • Enseñándoles que tienen derecho a la privacidad de su cuerpo, que nadie puede tocarle, mirarle, grabarle, fotografiarle si no quiere y que tiene derecho a decir NO si se siente incómodo (a) en alguna situación.
  • Hablando con ellos (as) sin alarmarles, de la existencia de la violencia sexual y que ésta puede ser cometida por personas extrañas o conocidas de la familia incluso familia.
  • Explicándoles la diferencia entre una expresión cariñosa y una expresión sexual.
  • Informándoles sobre el uso seguro del internet y supervisando su uso cotidiano.
  • Explicándoles que los agresores/as tratan de asustar y amenazar para que guarde el secreto, pero que debe contarlo para que NO vuelva a suceder.
  • Fomentando la comunicación y la confianza para hablar de cualquier tema con tus hijos.

 

El abuso sexual en la infancia, sin cicatrizar, puede crear síntomas físicos y psicológicos, que persisten en la edad adulta por eso es importante detectarlo y darle la atención profesional que merece.

La terapia, entre otras cosas, ayuda a los niños a aprender maneras para estar a salvo y que el abuso sexual no suceda de nuevo, así como a resignificar esa vivencia y trabajar con las secuelas emocionales y psicológicas que haya provocado.

Escrito por: Liliana Aguirre

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