La capacidad para estar a solas

Todos nos sentimos solos en algún momento de la vida, en ese primer día de escuela, cuando rompemos una relación, cuando fallece algún ser querido o cuando se sufre algún accidente, pero ¿qué ocurre con las personas a las que les es fácil estar a solas?, ¿qué sucede con otras a las que les resulta imposible? ¿En qué consiste entonces esa capacidad para estar a solas?

Si bien es cierto que todo ser humano necesita de los demás, hay quienes estando a solas logran disfrutar de sí mismos, hasta pareciera que con mucha facilidad. Ser consciente del sentimiento de soledad puede llevar al crecimiento emocional, cuando esa sensación se mantiene en equilibrio y nos moviliza a buscar eso que nos hace falta, a seguir estudiando, trabajando, organizando las labores del hogar, a ponernos creativos, a encontrar múltiples alternativas de solución o simplemente, pero no menos que eso, a disfrutar de esa experiencia de soledad.

También se puede dar el caso de quienes aún en compañía de otros no dejan de señalar un constante sentimiento de soledad, porque las más de las veces no tienen que ver con lo que te rodea físicamente, sino con una experiencia interna.

En algunas personas la soledad es tan abrumadora que les genera acciones autodestructivas como son las adicciones, deudas irremediables, renuncias laborales de manera imprudente, rupturas de relaciones irreconciliables, intentos de suicidio o hasta personas que paradójicamente les resulta mejor estar en un hospital, cárcel o centro de rehabilitación a tener que enfrentar esa soledad que les aterra.

En consulta nos encontramos la costumbre de silenciar el sufrimiento que produce la soledad, quienes sostienen relaciones de pareja consecutivas o paralelas, quienes dicen dar todo de sí y no recibir lo mismo, quienes buscan la satisfacción inmediata pero difícilmente se comprometen. Todas estas formas de relacionarnos con lo otro con base en una necesidad o carencia, suele estar ligada a la evitación de la soledad.

En el caso de las relaciones de pareja, existe un abismo entre querer estar con alguien y necesitar estar con alguien. Una te hace amar, comunicarte, confiar y la otra te hace depender, desesperarte y sentir una urgencia, porque en esta última la relación parte exclusivamente de las carencias afectivas, se va configurando una relación que de principio se vive con mucha intensidad, pero que pronto se torna desgastante y rechazante para alguna de las partes.

Esto podemos aterrizarlo a diferentes contextos como un puesto de trabajo, una institución, un lugar o bien con nosotros mismos. Reproducimos patrones de relación sin darnos cuenta y cuando estos se han forjado en un profundo sentimiento de soledad nos puede resultar perjudicial.

Por eso es indispensable reconocer que desde el principio de la vida uno aprende a estar a solas, acompañado. Es decir, que primero tuvimos que tolerar las sensaciones de soledad en presencia de alguien más, para luego poder manejarlo estando físicamente solos.

A veces la capacidad para estar a solas se re-construye en compañía de un tratamiento terapéutico, las personas se dan cuenta que sí pueden vivir a pesar de esos sentimientos de soledad, se dan cuenta que cualquiera puede sentirse solo y no por eso su mundo se tiene que paralizar, pero si tu experiencia de soledad es abrumadora, persiste en el tiempo, se presenta bajo cualquier circunstancia de tensión y te das cuenta que afecta todas las áreas de tu vida, entonces puede ser momento de buscar apoyo profesional.

Escrito por: Psic. Nabi Herrera

Esperamos este artículo haya sido de tu agrado y te invitamos a compartirlo con aquellos que lo puedan necesitar. Recuerda que Psicomérida somos una clínica en Mérida, Yucatán orientada a promover el desarrollo humano, salud mental y bienestar emocional de niños, adolescentes y adultos a través de procesos de terapia psicológica, terapia de pareja, psicoterapia infantil.

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1 Comment

  1. Sentirse bien con uno mismo es el primer paso para saber estar con los demás. Es algo que he tratado de enseñarle a mi hijo día con día, pero a veces me resulta difícil, ya que le cuesta convivir. Y la verdad es que yo tenía el mismo problema cuando era pequeña, no sabía como expresar mis sentimientos. Hoy hemos buscado ayuda de un psicólogo y aunque todavía tiene algunos problemas, vamos avanzando poco a poco, así que yo sí recomiendo la terapia.

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