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Las trampas mentales que construimos y nos apresan

Es posible que en algún momento nos encontremos sorprendidos ante una realidad que se resiste a darnos los resultados que intentamos conseguir. En esa realidad, nuestro comportamiento hacia nosotros mismos, hacia los demás y/o hacia el mundo parece que nos da un resultado insuficiente o contrario al que esperamos. Lo extraño es que por más que intentamos, obstinadamente, realizar las mismas maniobras que en el pasado nos han reportado tantos éxitos, ahora han dejado de funcionar. Entonces nos preguntamos: ¿tengo que seguir insistiendo hasta conseguir el resultado que espero? o ¿no habré realizado mi estrategia con la fuerza suficiente?

¿Por qué nos aferramos a seguir haciendo lo mismo, aunque no nos esté dando resultado?

El error, en la mayoría de estos casos, consiste en intentar aplicar desesperadamente aquello que nos ha dado buenos resultados, ignorando que un problema similar en circunstancias diferentes requiere una solución distinta. Es fácil comprender el apego a un guion de actuación basado en su eficacia. Permítame un ejemplo: ser organizados para tener eficiencia en nuestras actividades es un habito maravilloso porque reporta unos excelentes resultados en las diferentes esferas de la vida (doméstica, laboral, social, interpersonal, etc.). Pero cuando el orden y la limpieza se convierten en una serie de acciones exhaustivas, que generan ansiedad y que, lejos de permitir el desarrollo de actividades en un ambiente agradable, nos limitan, lastiman o causan conflictos, nos encontramos dentro de la trampa que nosotros mismos construimos. Muchos de los trastornos mentales comienzan con esta rigidez en el pensamiento y la conducta.

Entonces, una estrategia o una serie de estrategias pueden ser útiles en algunas circunstancias, pero es el exceso o la desviación en el uso de estas estrategias, lo que las convierte de comportamientos sanos y adaptados a comportamientos disfuncionales y, en ocasiones verdaderamente patológicos. Nuestra mente está diseñada para reducir el consumo de energía necesario para adaptarse a la realidad, por lo que estas esquematizaciones reducen considerablemente el tiempo necesario para escoger las soluciones a problemas que consideramos parecidos. Sin embargo, problemas similares no son problemas idénticos. Esta percepción engañosa, generalizadora, puede llevarnos al efecto contrario: en lugar de solucionar problemas los complicamos. Pongamos otro ejemplo: Es muy probable que hayamos sufrido traiciones y desilusiones. Se trata de una experiencia humana muy frecuente. Evidentemente, muchas de esas desilusiones de deben a las expectativas erróneas que generamos, por no haber evaluado mejor las circunstancias. Pero regresemos al problema: tras haber sufrido una traición, es normal que en experiencias sucesivas desconfiemos para protegernos de un posible daño, como aquel que tanto sufrimos. Por lo tanto, nuestro comportamiento y actitud puede tornarse descalificadora, rígida e incluso agresiva. Nuestra comunicación se vuelve antipática e hipercontrolada. Como es inevitable influir en los demás, nuestra actitud de desconfianza invita a los demás a aproximarse con desconfianza a nosotros, lo que desde nuestra postura inicial activará los focos rojos, que “confirmarían” nuestras sospechas y reforzarían nuestra visión suspicaz, que interpreta como “malévolos” los motivos de los demás. Así es como defendernos de forma preventiva hace que los otros adopten una actitud similar hacia nosotros. Evidentemente, la confianza excesiva sin precaución nos expone a deslealtad y engaños, pero el extremo de preocupación y sospecha recurrentes se convierte e una verdadera patología que nos mantiene en la soledad, con ansiedad y bajo rendimiento en varios aspectos de nuestra vida.

Las diferentes variables que generan y mantienen los problemas no permanecen inmutables a lo largo del tiempo, por lo que las estrategias también tienen que evolucionar y adaptarse. Es la flexibilidad para adoptar las mejores estrategias en las diferentes circunstancias lo que nos puede dar resultados más satisfactorios, mejores relaciones interpersonales y una mejor salud mental.

 

Escrito por: Psic. Heriberto Santana

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