Ayuda Psicológica: ¿Porqué nos cuesta tanto pedirla?

 

A lo largo del tiempo se les ha enseñado a las personas que “se debe ser fuerte” ante las circunstancias difíciles de la vida; que cuando se atraviesa por un problema, necesita ser resuelto por uno/a mismo/a de forma rápida y, además exitosa. Se comienza con ello a generar cierta exigencia y expectativa, primero de las otras personas (padres, maestros, religión, etc.) y después, cuando se comienza a formar la personalidad y la etapa de la adolescencia lleva a esta selección de características para la vida, la exigencia y la expectativa comienza a venir del interior.

Adoptando esta actitud de vida (ser fuerte ante las adversidades), las personas pueden acostumbrarse a pensar y sentir que tienen que enfrentar en “soledad” las dificultades que se le presentan desarrollando cada vez más fortaleza interna, para poder responder a esta exigencia y expectativa; sin embargo, cuando un problema es sumamente difícil, y se ha manifestado de manera constante y repetitiva, la energía que se invierte para poder resolverlo puede ir disminuyendo esa fortaleza adquirida y así, la frustración va en aumento y la persona comienza a cuestionar su capacidad para salir adelante o res

olver su situación, comienza a sentirse INCAPAZ, INSUFICIENTE, DÉBIL, dando esta sensación de vulnerabilidad que nadie quiere experimentar.

La frustración, es esa sensación que aparece cuando no se logra lo que se quiere y se refleja en un estado de malestar general: físico (por el agotamiento) mental (por la preocupación constante) y emocional (por la desesperación); pero debido a que se ha interiorizado la norma de tener que “resolver los problemas solos”, la persona se cierra a las posibilidades que tiene a su alrededor y se mantiene sin pedir AYUDA, pues considerar siquiera esa idea trae consigo un significado fuerte de fracaso por no tener la capacidad para solucionar su situación.

Cuando esta frustración crece al NO poder no cumplir la expectativa y la exigencia que se le ha enseñado a lo largo de su vida, se suman muchas mas emociones negativas y puede escalar hasta comenzar a experimentar ansiedad, depresión, estrés agudo, etc. Es en este punto cuando la

persona llega a la aceptación de “solo no puedo”, pero ya cargada de mucho agotamiento y malestar.

Al lograr abandonarse a su vulnerabilidad y aceptar la idea de que necesita ayuda, ocurre un movimiento interno muy importante. Es como si lograra salir de eso que le mantenía atorado (a), la mente y el cuerpo comienzan a flexibilizarse al escuchar nuevas voces, nuevas opciones, nuevas visiones y experiencias que permiten generar sensaciones y emociones más positivas trayendo consigo la Confianza y la Esperanza de que pronto se saldrá de este mal momento. Al final de todo este proceso se obtiene, por supuesto, la ganancia de “solucionar el problema”, pero también se logra aprender que no siempre se tiene que resolver solo/a una situación difícil y que no es tan malo pedir ayuda; en general, se obtiene una gran flexibilidad de ese pensamiento tan rígido que se había enseñado y adoptado años atrás.

¿Qué hay que tomar en cuenta al pedir ayuda?

Si la persona ha logrado vencer esa exigencia y expectativa y ha aceptado pedir ayuda, es importante cuidar que sea una buena decisión y genere una buena e

xperiencia. Por ellos es importante tener en cuenta los siguientes puntos:

  • Valorar la situación. Examinar si es una situación que ya ha comenzado a generar malestar y que requiere el apoyo de alguien más. Para ello es importante auto-monitorearse sobre el grado de malestar sentido para evitar llegar a un nivel muy alto que implique a inversión de mucho mas tiempo y esfuerzo, es decir, no dejar hasta lo último la posibilidad de pedir ayuda.
  • Dirigirse a la persona adecuada. No todas las personas están capacitadas para proporcionar ayuda en algún tema específico, entonces será importante reflexionar las opciones reales con las que se cuenta. Además, es necesario que no sea una persona que luego podría pedirte un favor, para que la ayuda sea genuina y desinteresada y no se llene de reclamos o reproches posteriores.
  • Expresar las necesidades con exactitud. Cuando se encuentra a la persona idónea para pedir ayuda, será necesario expresar de manera clara y directa las necesidades sin dejar de lado la amabilidad.
  • Compensar la balanza. Si se ha elegido a una persona a la que no se le puede devolver el favor, la mejor manera de equilibrarse es poder aportar algo positivo a alguien que lo necesite.
  • Evitar caer en el extremo opuesto. Si el primer extremo fue “no pedir ayuda”, es importante cuidar cuándo será necesario y no caer al siguiente extremo de “siempre pedir ayuda”, ya que podría generar una sensación de dependencia y debilidad que impida continuar el crecimiento personal y caer en una zona de confort que no siempre podrá ser llenada.

 

Además de contar con amigos, pareja y familiares que pueden proporcionar apoyo en algún momento, también está la posibilidad de recurrir a profesionales de la salud mental que pueden cumplir con los puntos mencionados con anterioridad y que pueden proporcionar esta contención emocional y comprensión de la situación, para generar un ambiente de tranquilidad que invita a pensar y reflexionar sobre las posibles soluciones al problema.

Escrito por: Psic. Liliana Sandoval Soberanis

Esperamos este artículo haya sido de tu agrado y te invitamos a compartirlo con aquellos que lo puedan necesitar. Recuerda que Psicomérida somos una clínica en Mérida, Yucatán orientada a promover el desarrollo humano, salud mental y bienestar emocional de niños, adolescentes y adultos a través de procesos de terapia psicológica, terapia de pareja, psicoterapia infantil.

Si tienes alguna duda o requieres mayor información puedes contactarnos al 195-08-91, con gusto te orientaremos.

1 Comment

  1. Yanira dice:

    Muchas gracias por tu aportación. Feliz semana.

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