La Complejidad y Profundidad de la Infidelidad en la Relación de Pareja

Jorge: No soy de revisar el celular de mi pareja, pero hace tiempo que tenía un presentimiento.

Terapeuta: ¿A qué se refiere con presentimiento?

Jorge: Si, algo pasaba porque había notado muchos cambios

Terapeuta: ¿Hace cuánto tiempo notó estos cambios?

Jorge: Hace mucho….y ahora entiendo el porqué, es porque ya tenía a otra persona.

Terapeuta: ¿Qué piensa acerca de lo que dice su pareja?

Mariana: No entiendo qué sucedió, tantas veces que tuve la oportunidad y no lo hice, no sé porque ahora caí.

Este es uno de los diálogos que se encuentran con mayor frecuencia al inicio de una sesión de terapia de pareja, cuando el motivo de consulta resulta ser la infidelidad propiciada por alguno de los miembros de la misma. La infidelidad es una de las experiencias que más dolor pueden causar a la relación llevando a cada uno a adoptar un papel dependiendo de su posición en esta situación: La persona infiel se convierte en victimaria y la persona que sufre la infidelidad se convierte en la víctima. Con estas posturas aceptadas a veces de manera no consiente, las circunstancias se tornan desiguales propiciando que, quien comete la infidelidad sea el o la responsable de hacer algo para solucionar el problema, mientras la otra parte espera dignamente que su pareja haga todo por reparar el daño.

En un principio, estos papeles adoptados podrían funcionar para calmar el dolor de quien sufre por la traición y el rompimiento de la confianza, sin embargo ¿Qué sucede cuando se indaga un poco más? Cuando se habla sobre las situaciones vividas antes de esta experiencia,  la pareja puede darse cuenta de que la infidelidad, no ha sido más que el último grito de desesperación de su lastimada relación. Si, la infidelidad en muchas ocasiones termina siendo eso tan duro que no se pudo reconocer antes: una consecuencia del distanciamiento emocional, que han experimentado hace ya un largo tiempo.

Tal como lo refiere el ejemplo al inicio de este artículo, la relación ya experimentaba muchos cambios que fueron minimizados o poco percibidos (dejar de platicar, dejar de salir juntos, ocuparse más de todos los problemas y dejar la relación a un lado, no tomarse de la mano, abrasarse menos, dejar de preguntarle a mi pareja cómo está, etc..). Estos cambios se van interpretando como poco interés de la pareja en la relación, pero difícilmente se habla sobre ellos, porque ocurren poco a poco y se van acumulando como una cuenta bancaria de emociones negativas, hasta que, naturalmente se pierde toda comunicación en la pareja. Es en este punto donde se podría haber enfrentado la situación para recuperarla, sin embargo, al identificar este distanciamiento, difícilmente se opta por retomar la comunicación y resolverlo, al contrario, la opción que siempre se elige es la más práctica, la que me aleja del problema y me genera bienestar, justo lo que aporta una nueva relación. Ya algunos autores (Gottman y Silver, 2004) hablaban sobre ello:” …el objetivo de la relaciones extramatrimoniales, no es el sexo en la mayoría de los casos, sino la búsqueda de amistad, apoyo, comprensión, atención y cariño, es decir, todo aquello que el matrimonio (o cualquier pareja) debería ofrecer”. La ausencia de todo esto, vuelve a la relación vulnerable y abre entonces la posibilidad de tomar la oportunidad de entablar una nueva relación.

Cuando una pareja asiste a terapia debido a una infidelidad, naturalmente la relación ya se encuentra devastada y por ello ésta infidelidad aparece como la culpable de haber llegado a esa situación. La poca energía física y emocional que queda en la relación se dirige hacia este evento tan fuerte, que impide siquiera considerar la posibilidad de que detrás de todo ello exista una causante aún más fuerte y dañina que la infidelidad misma: esa distancia emocional alimentada día con día.

Una pareja que ha experimentado una situación de infidelidad y que toma la decisión de iniciar un proceso psicológico, tiene muchas posibilidades de manejar positivamente este evento. Pueden explorar juntos y darse el permiso de sentir y de pensar, pero lo más importante, se dan el espacio para escuchar genuinamente a la otra persona. Es una oportunidad muy valiosa de reconocerse como pareja pero también como persona, reflexionando sobre las acciones u omisiones que cada uno aportó a la relación y que los llevaron hasta el punto más alto del iceberg, ese que se nota con facilidad pero que tiene una superficie aún más grande escondida bajo el agua.

Esperamos este artículo haya sido de tu agrado y te invitamos a compartirlo con aquellos que lo puedan necesitar. Recuerda que Psicomérida somos una clínica en Mérida, Yucatán orientada a promover el desarrollo humano, salud mental y bienestar emocional de niños, adolescentes y adultos a través de procesos de terapia psicológica, terapia de pareja, psicoterapia infantil. Si tienes alguna duda o requieres mayor información puedes contactarnos al 195-08-91, con gusto te orientaremos.

 

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