No eres tú, soy yo!

“No eres tú, soy yo” es una frase que generalmente solemos escuchar o mencionar por lo menos una vez en nuestra vida, sin embargo, la usamos superficialmente y no reparamos en la gran utilidad que tendría esta perspectiva si realmente la pusiéramos en práctica.

Cuando una pareja llega a terapia, comúnmente se encuentra en un ciclo interminable de señalamientos, acusaciones, quejas y heridas que culpan a la otra persona y la responsabilizan del estado actual de la situación. La relación se ha tornado en una lucha sobre quién sufre más y quién ha causado más daño, ahí es cuando se nos olvida el famoso “no eres tú, soy yo”.

Una relación se construye con base a las actitudes, las acciones (u omisiones,) los prejuicios, sentimientos y conductas que cada miembro coloca en el vínculo en partes iguales (y esto no sólo aplica con la pareja, sino también en otras relaciones de nuestra vida), de tal manera que sea como se encuentre la relación es producto de lo que se ha puesto o no por ambas partes.

Partiendo de esta premisa, es verdad que la otra parte tendrá responsabilidad, pero es aquí en donde la frase “no eres tú, soy yo” podría cambiar completamente el estado actual y la perspectiva desde dónde se está viendo la relación. ¿Se han preguntado qué pasaría si nos detuviéramos un momento en medio de esta lucha de acusaciones para revisar cuáles de mis actitudes y acciones están contribuyendo a mantener la relación en el estado hostil en el que se encuentra? Si esto pasara, muy probablemente bajaríamos nuestras defensas, habría mayor disponibilidad para escuchar y seguramente los adjetivos calificativos peyorativos se reducirían, ya que estaríamos hablando sobre nuestras propias conductas, errores y áreas de oportunidad.

Para poder “mirar” y validar a la otra persona es importante vernos y validarnos a nosotros/as mismos/as primero, si yo soy capaz de hacer eso, tendré mayor apertura para aplicarlo con alguien más, lo que implicaría no sólo observar lo que nos disgusta, si no también darnos la oportunidad de reconocer que la persona de la que nos enamoramos sigue ahí.

No hay que olvidar que en todo momento esto es un trabajo en conjunto, los logros y los avances podrán ser mucho más notorios y significativos si ponemos en práctica nuestra reciprocidad y nuestra responsabilidad afectiva.

La terapia de pareja requiere un fuerte compromiso personal, ya que sus beneficios no se dejarán ver si sólo limitamos el esfuerzo a la mera asistencia a la cita, sanar una relación necesita de paciencia, perseverancia y buenos tratos hacia uno mismo y hacia la otra persona, finalmente esto no se trata de lo que necesita un miembro o el otro, sanar una relación se trata de descubrir lo que la relación necesita.

Si este artículo te ha gustado o resultado útil, no olvides dejarnos un comentario, dudas o si lo requiere solicitar más información al 195-08-91, estaremos muy atentos a acompañarles en su decisión de trabajar en su relación de forma enfocada y profesional.

 

 

1 Comment

  1. Carlos Alberto Arceo Moo dice:

    Excelente artículo, el cual yo creo que lo aplicáramos evitaríamos muchas discusiones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Deseo Información