5 ideas para fortalecer el vínculo con tu hijo(a).

La infancia es una etapa determinante para la creación y fortalecimiento de una relación saludable con tu hijo(a). De antemano, es importante recordar que, como mamá o papá, eres su TODO; de ti espera amor, seguridad, empatía, comprensión, respeto, etc.

Con base en lo que el niño o niña observa en mamá y/o papá, le va dando forma a su idea del mundo. Por ejemplo, si observa en casa relaciones de amor y respeto, es altamente probable que vea al mundo como un lugar bueno y se sienta seguro de sí y en su relación con los demás. De aquí, en parte, proviene la importancia de esforzarnos por establecer relaciones adecuadas en la familia.

En la práctica esto puede resultar difícil debido a los diversos acontecimientos de la vida cotidiana (sobre todo cuando son desagradables o disruptivos). La buena noticia es que es posible trabajar en esta relación para construir ese puente entre ambos(as).

Desafortunadamente, es frecuente escuchar en la práctica privada a padres y madres que reprochan a sus hijos por no confiar en ellos para contarles cosas importantes, sin entender el por qué, refiriendo frases como “Soy su mamá/papá, debería tenerme confianza”. En ocasiones, esto se vuelve peligroso, ya que el niño o niña puede estar pasando por algún momento o situación que lo ponga en algún tipo de peligro y, aun así, no se sienta en confianza de expresarlo. Como cualquier relación humana, es necesario trabajar la relación con nuestros hijos para que “rinda frutos” y se fortalezca.

Te pongo un ejemplo. Imagina que estás trabajando y tienes un jefe o jefa que no reacciona bien ante las malas noticias o los fallos en el trabajo, ¿Cómo le harías saber que tuviste un error?, ¿Sentirías miedo o nervios solo al pensar que tienes que decirle?… Ahora imagina la misma situación con un jefe o jefa que desde que estás trabajando con él/ella, ha sido firme con las responsabilidades, pero a la vez escucha y ha tenido empatía o comprensión en situaciones críticas. Probablemente sentirías mayor confianza para hablar con esta última persona que se menciona. Exactamente lo mismo ocurre con niños y niñas: Si no les damos un ambiente de confianza, no la sentirán hacia nosotros.

El vínculo, esta relación entre mamá o papá e hijo(a), es la base de una mejor autoestima y es necesario para el desarrollo cerebral del infante. Este tiene que darse por el respeto y amor mutuo, no solamente por los lazos sanguíneos. Por esta razón, te dejo en este artículo 5 acciones para fortalecer (o seguir fortaleciendo) la relación con tu hijo(a):

  1. ESCUCHA ANTES DE “REGAÑAR”.

Es bastante común que, cuando observamos una conducta inadecuada, la primera reacción sea enojo, frustración y por lo tanto emitamos un regaño, un juicio (“Eres un/una….”) o un castigo antes de permitirle al peque expresarse. Es indispensable que le permitamos hablar y que escuchemos su versión, y después, dependiendo de lo que haya ocurrido, actuar. Aún a sabiendas de que la conducta inadecuada ocurrió, hay que brindarle ese espacio de expresión para después, con calma, poder darle una retroalimentación de lo que ocurrió y la consecuencia adecuada. Pero sobre todo, ¡evita a toda costa los interrogatorios!.

Por ejemplo: Supongamos que Pedrito le pegó a su hermana y tu estuviste ahí en ese momento. Una posibilidad es sentarte con Pedrito y tranquilamente preguntarle qué ocurrió, cómo se sentía y qué otra cosa pudo haber hecho en vez de pegar; para después explicarle el por qué no está permitido lastimar a los demás, y aunque puedes entender su enojo, el golpe no se permite y como consecuencia no verá la televisión el resto del día. Esto es una puerta al aprendizaje de conductas adecuadas, pero a la vez le estás brindando un ambiente seguro para que pueda expresar lo que sea.

  1. PÁSENLA BIEN JUNTOS.

Vamos a quitarnos la idea de que “jugar” tiene que ser con los juguetes más caros o la consola más nueva del mercado. Lo que tu hijo(a) necesita a través del juego es estar contigo jugando y pasarla bien. Una recomendación es jugar el tipo de juegos de su preferencia; dependiendo de la edad, es posible incluso realizar juegos más fantasiosos (“Vamos a jugar que hacemos una fogata en el bosque y armamos una tienda”, cuando quizás realmente se encuentran debajo de una sábana en la sala de la casa). Para esto es importante que como adulto te permitas JUGAR; quizás al principio puedas sentirlo extraño, pero observa bien las reacciones de tu peque cuando te involucras en el juego, seguramente estará muy feliz de pasar ese tiempo contigo. Aunque pareciera demás esta recomendación, en estas épocas prefiero dejarlo explícito: Deja el celular en otro cuarto mientras juegas con tu hijo(a); estar sentado junto al peque con el teléfono mientras él o ella juega, NO es jugar con él.

Otra idea en este tópico es leerle cuentos antes de dormir, aprovecha ese espacio para forjar esa intimidad con tu peque. Utiliza cuentos que sean de su agrado y aprovecha para abrazarle mientras leen juntos.

  1. EXPRESEN ADECUADAMENTE SUS EMOCIONES Y RESPÉTENLAS.

Para poder esperar de tu hijo(a) una expresión emocional de maneras adecuadas, es necesario darle el ejemplo. Reflexiona por un momento: ¿Cómo expresas tus emociones en general?, ¿Notas algo similar en la manera de expresión –o falta de- en tus hijos?. Si tus respuestas no fueron favorables, es importante trabajar también en ti mismo(a).

Es importante un autocontrol en situaciones de enojo para evitar gritar, insultar, humillar, etc. Ojo, esto NO significa que entonces tenemos que reprimir emociones; lo ideal es un equilibrio.

Por ejemplo: Supongamos que tuviste un día terrible en el trabajo, llegas a casa y sientes el enojo desbordándose. Una idea es entrar y pedirle a la familia un momento antes de darles un saludo o abrazo porque “Me siento muy enojado(a) por algo que ocurrió en el trabajo y necesito tranquilizarme un poco”. Como puedes observar, hubo un autocontrol y a la vez una expresión adecuada de esa emoción. Es válido también hablar con la familia sobre el por qué me sentí así, permitiendo a los hijos escuchar (lo que sea posible que escuchen a su edad, por supuesto) de tal modo que observen que es válido enojarse y expresarlo. Cuando ocurra con el niño o niña, es importante RESPETAR esa emoción; es decir, evitar frases como “Ya no llores”, “No exageres”, “No es para tanto”, etc.

Con este tipo de acciones, le enseñamos que los miembros de la familia son personas en las que podemos confiar para expresar cómo nos sentimos, que respetan nuestras emociones y qué nos pueden brindar contención, apoyo y comprensión.

  1. DEMUÉSTRALE TU AFECTO.

El contacto físico es INDISPENSABLE. Aunque ya no esté en edad para cargarle, siempre puedes realizar este contacto cuando le das un abrazo, le acaricias la cabeza al peinarle, lo llevas de la mano, etc. Este tipo de contactos generan una hormona llamada “Oxitocina” (la cual, por buenas razones, se conoce como la hormona del amor), que es la que hace que cada vez se sienta más cercano a ti. Dale besos y abrazos cada vez que los dejes en la escuela o vayas por ellos, cada vez que salgas a hacer alguna diligencia o antes de ir al trabajo; dile que lo quieres y lo importante que es para ti. Cultiva ese afecto en tu hogar.

  1. HAZLE SENTIR SEGURIDAD

Una manera de hacer esto es dándole rutinas y horarios establecidos. Por supuesto, es importante considerar momentos de flexibilidad (lo cual le ayudará a entender el cómo adaptarse a los cambios). Además, es recomendable ser constantes en los espacios que tienen y en las conductas que tenemos hacia ellos. Si en un momento les gritas y al otro momento lo abrazas; o si en una ocasión le pones una consecuencia y en otra ocasión no, es probable que no sepa qué esperar de ti y no reciba el soporte necesario para sentirse seguro.

Recuerda… la responsabilidad de trabajar la relación padre/madre e hijo(a) recae totalmente en los adultos.

Si sientes que tienes problemas para vincularte con tu hijo(a) y/o esta situación se está saliendo de control, entonces lo recomendable es buscar el apoyo de un profesional.

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