El problema del “darle todo” a nuestro(a) hijo(a).

“Voy a darle todo lo que yo no tuve a mi hijo(a)” es una frase bastante común en la actual generación de padres y madres al hacer referencia a la acción de brindarle a los hijos todo aquello que va desde lo necesario (comida, techo, abrigo…) hasta lo que no es tanto.

Y es entendible. Muy probablemente, estos padres y estas madres, basados en sus experiencias y dejándose llevar por el amor a su hijo(a) sientan el corazón desbordante al momento de cubrir estas necesidades (a veces en demasía) y brindar estos extras (y seguramente esa pequeña carita de felicidad viene a ser un reforzador igual de grande para que sigamos dándole de todo). Sin embargo, el “darle todo” tiene su aspecto peligroso y es lo que abordaremos en este artículo.

Imagina que te regalan un pequeño cactus en su maceta. Te ha gustado tanto que decides tenerlo en tu escritorio junto a ti todo el tiempo, para además mantenerte pendiente de su riego. Lo riegas todos los días a la misma hora, brindándole grandes cantidades de agua puesto que piensas que “a las plantas les gusta el agua y la necesitan para vivir”. Pasan dos meses y comienzas a notar que se está “marchitando”; notas las hojas arrugadas y varias se le han caído. Le das agua de nuevo porque “seguramente no le he dado suficiente”. Hasta que, el mes siguiente, el cactus completo se ha podrido… Pero, ¿qué pasó entonces?

Tal parece que la planta sucumbió a nuestra propia necesidad de darle agua, es decir, no pensamos en la verdadera necesidad del cactus*, sino que nos basamos en nuestras propias emociones al momento de darle aquello que pensamos era vital para su supervivencia.
*Los cactus se riegan cada 8-10 días aproximadamente, dependiendo de la estación del año y/o la temperatura y humedad en el ambiente. Además de que necesitan estar en lugares con sol o un poco de sombra. Si le damos agua de sobra, se pudren.

Me permití abrir nuestro tema con este ejemplo, porque con los niños y niñas ocurre algo similar. Los infantes son como pequeños cactus: Es importante brindarles las cosas en medidas adecuadas y apropiadas a su desarrollo; pero sobre todo, darles lo que ellos realmente necesitan, no darles todo porque nosotros lo necesitemos. Más adelante abriré un poco más esta idea de cómo nuestras necesidades como madre, padre o individuo tienen un papel clave en esto.

La frustración es parte de la vida.

Algo que ocurre con los niños y niñas que reciben todo es que presentan dificultades para tolerar la frustración, es decir, que les cuesta trabajo lidiar con las situaciones que no esperan, no les parecen o se encuentran fuera de sus manos. Es importante aclarar que, como parte del desarrollo infantil, es normal que al principio les cueste trabajo lidiar con la frustración ya que están comenzando a aprender que el mundo está lleno de situaciones sociales a las que tienen que enfrentarse, lo vemos más claro cuando comienzan a convivir con otros niños y tienen que esperar turnos, compartir, seguir reglas, etc. Además, estas nuevas situaciones sociales le llevan a experimentar nuevas emociones que quizás antes no había experimentado y, por tanto, no sepa manejarlas al principio (Y por tanto reacciona llorando, explotando, haciendo berrinches, etc.).

Es aquí donde brindarle al infante lo que necesita en justa medida se vuelve indispensable pues establece las bases para lo que será su futura tolerancia a la frustración (incluso como adulto). A modo de “mantra” podemos usar la frase “La frustración es parte de la vida”. Porque así lo es. Es necesario permitirles a niños y niñas vivirla en cierta medida, de otro modo puede haber ciertas consecuencias.

Cuando NO permitimos que nuestro niño o niña experimente la frustración (Si estamos anclados a la derecha de nuestra flecha, en la imagen anterior) estamos limitando su aprendizaje de nuevas herramientas o estrategias de autocontrol; además, le enviamos el mensaje de “Lo mereces todo, sin importar nada”. Dejando de lado que, en la vida real, muchas situaciones nos exigen constancia, esfuerzo y perseverancia. Cuando además hacemos todo por ellos, le estamos brindando el mensaje de “Tú no puedes” o “Eres incapaz”.

Aunque no es el tema del artículo como tal, es importante mencionar qué pasa si nos vamos al otro extremo y entonces comenzamos a ser tan estrictos que, lo que el niño o niña recibe sea solamente frustración. El infante puede caer entonces en un estado que llamamos “Desamparo aprendido” ya que estamos enviándole el mensaje “nada de lo que hagas es suficiente” y el niño o niña entonces se queda con la sensación de que “es imposible mejorar” o “para qué esforzarse, si no pasa nada”.

¿Mi necesidad o su necesidad?

Es preciso comenzar a identificar como padres y madres hasta dónde lo que yo doy es por necesidad propia o es necesidad de mi hijo(a). Para ello, comparto contigo las necesidades básicas e irreductibles de la infancia, según Brazelton (2005).

  1. Necesidad de tener relaciones afectivas estables.
  2. Necesidad de protección física y seguridad (Incluye protección de daños psicológicos).
  3. Experiencias acordes a las necesidades individuales (Adecuar las experiencias a la individualidad del niño).
  4. Experiencias apropiadas al nivel de desarrollo.
  5. Fijar límites, estructura y expectativas (Necesario que conozcan las normas sociales).
  6. Brindarle una comunidad estable y continuidad cultural (Involucrarse en la comunidad y tener un papel activo en la sociedad).
  7. Proteger el futuro de los niños en general, no solo de nuestros hijos.

 Entonces, todo lo que se encuentre fuera de esto, no podríamos considerarlo una necesidad básica e irreductible (Por ejemplo: Comprarle un juguete cada vez que vayamos a un supermercado; sin embargo, permitirles JUGAR sí lo es). De igual manera, también es importante considerar que cubrir las necesidades en exceso -o tergiversarlas- también puede tener consecuencias negativas (Por ejemplo: La alimentación es una necesidad, sin embargo, el darle un chocolate siempre después de cada comida, no lo es).

La acción del “darlo todo” puede estar relacionada con una necesidad emocional personal (muchas veces, inconsciente). Sería ideal que, como mamá o papá, comiences a ser más consciente de esto y revises qué hay detrás de esta conducta en ti: ¿Tienes miedo a que tu peque te rechace?, ¿Sientes la necesidad de darle cosas para compensar que no estás a menudo?, ¿Sientes culpa por la manera en que en ocasiones le tratas?…

Identificar qué necesidad hay en ti, puede darte información vital sobre lo que tu hijo(a) realmente puede estar necesitando. Por ejemplo: Si le compras muchos juguetes para compensar que no juegas con él/ella; quizás sea tiempo de cubrir la necesidad #1 según Brazelton y tener tiempo juntos para fortalecer su relación afectiva. Esto requiere un proceso de auto-observación, pero los beneficios que puede traerle a tu hijo(a) son innumerables.

Para Reflexionar

  A manera de cierre del artículo, hago una atenta invitación a agregar a nuestros roles de paternidad/maternidad el mantra “La frustración es parte de la vida”, tanto para comprender el por qué nuestros hijos necesitan sentirla, tanto para ser más empáticos con nosotros mismos cuando nos frustramos por no poder darle todo lo que pidan. Los adultos somos modelos de conducta de niños y niñas, por eso también necesitamos tener herramientas para manejarla cuando se presente ante nosotros.

Es imprescindible tener pendientes las necesidades básicas e irreductibles como un parámetro para ayudarnos a tomar decisiones que beneficien a nuestros hijos o hijas. Recuerda, muchas normas y límites que pongas, no serán del agrado de tu hijo(a); muy probablemente reaccionará de un modo no tan agradable para ti. Sin embargo, con nuestra consistencia al poner límites, apoyo para que los aprendan, empatía y afecto incondicional, podremos brindarles esa contención tan necesaria, así como las herramientas para las frustraciones de la vida diaria.

Si sientes que esta situación en tu familia, se está saliendo de control o tienen dificultades para manejarla, entonces lo recomendable es buscar el apoyo de un profesional.

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