Quiero llevar a mi hijo(a) al psicólogo… ¿Qué esperar?

Cada día parece ser más frecuente, afortunadamente, que las personas se preocupen por su salud mental y tomen la decisión de ir con un psicólogo o psicóloga. Parece ser que el estigma de ir a terapia ha estado disminuyendo con el tiempo, y muchas personas se permiten vivir esta experiencia de manera personal o familiar. Sin embargo, el hecho de que parezca común ir a terapia no quiere decir que una persona no sienta incertidumbre y nervios sobre esta decisión. Y más cuando se trata de llevar a nuestros hijos.

Al momento de tomar la decisión (o al no tener opción si, por ejemplo, la escuela nos ha enviado a buscar este servicio), es de suma importancia que busquemos un profesional que se especialice en el trabajo con niños y niñas. Los psicólogos infantiles, cuentan con una amplia formación teórica y práctica sobre el desarrollo infantil (físico-motriz, cognitivo, social, emocional, neurológico, etc.), problemas comunes en la infancia (dificultades de aprendizaje, enuresis/encopresis, miedos, duelos, etc.) y dinámicas familiares, que les permite tener una mejor comprensión del comportamiento infantil. No tengas miedo de preguntarle qué formación tiene; tienes el derecho de saberlo.

En la primera sesión, ten la confianza de hacerle todas las preguntas que consideres necesarias, que pueden ir desde la explicación del proceso de terapia, hasta cuestiones de logística como la frecuencia de las sesiones o el modo del pago. Es importante que, desde un inicio, sientas confianza con él o la psicóloga; el desconfiar de nuestro psicólogo(a) es como meter un autogol, pues se vuelve contraproducente para nuestro propio proceso (o el de nuestro peque). Algunos profesionales te pedirán que la primera sesión sea solamente con los adultos que cuidan al escuela papapaciente (mamá, papá o quien esté presente en su crianza), algunos podrán pedirte que la primera sesión sea con el niño(a) y después con los padres; o todos juntos. Esto depende del enfoque terapéutico con el que trabaje, es válido preguntarle cuál es su enfoque e investigar de qué se trata. En esta primera sesión es donde “se ponen las reglas del juego”, a esto los psicólogos le llamamos Encuadre. También, es normalmente aquí donde se deja claro cuáles son los derechos y responsabilidades del paciente o sus tutores, es probable que firmes un documento donde se encuentren por escrito, a esto le llamamos “Consentimiento Informado”.

Después de este acercamiento inicial, quien normalmente entrará a las sesiones es el niño o niña. Es importante respetar el tiempo que tiene destinado a la sesión; esto quiere decir, evitar en la medida de lo posible interrumpir o quitarle tiempo a su sesión. Si es necesario darle información importante del niño al terapeuta, pregúntale desde el inicio cómo pueden manejar este tipo de situaciones.

Conforme avanza el proceso, es esperable que el o la terapeuta tenga diversas sesiones con los padres, madres o tutores del niño o niña. En ellas, el psicólogo o psicóloga puede realizar devoluciones sobre el avance en las sesiones, pedir mayor información sobre las dinámicas en casa o la vida del niño (desde el embarazo de la madre, hasta la actualidad), o asignar tareas terapéuticas o recomendaciones para trabajar en casa que tienen la utilidad de apoyar el cambio que se esté buscando. Por ejemplo: Si la situación general por la que llega el niño es que tiene dificultades para controlar sus emociones y durante el análisis de la dinámica familiar se detecta, entre otras cosas, que no hay límites claros ni consistentes en casa (lo cual apoya tremendamente que el niño pueda tener una estructura y favorezca su autocontrol), es altamente probable que el terapeuta les asigne alguna actividad para que la familia establezca las reglas, explicándole a los padres el cómo aplicarlas y el cómo manejar los reforzadores y las consecuencias; así como darles seguimiento para supervisar esta nueva dinámica.

Esto último, nos trae a colación otro aspecto importante a esperar cuando vamos al psicólogo infantil: Comenzar a realizar cambios en nuestras dinámicas como padres, madres y/o familia que permitan apoyar el desarrollo de nuestro niño (paciente). Me he topado en la práctica a padres que llevan a su hijo a terapia como si fuera una televisión a reparar desde el primer día; y siempre les dejo claro que esto es un trabajo conjunto, que los adultos que realizamos la crianza tenemos mayor responsabilidad puesto que somos el ambiente que recibe al niño y realiza interacciones o transacciones que perpetúan o extinguen conductas (sean deseables o no). Entonces, considera que asistir a terapia infantil, implica también un proceso de autoobservación como madre o padre, para determinar en dónde se encuentra mi responsabilidad dentro de la problemática. Te recomiendo que seas sincero o sincera contigo y con tu terapeuta: la honestidad es necesaria para una mayor comprensión de la situación.

Llevar a nuestro peque a terapia, ya con toda esta información, puede parecer todo un reto. Sin embargo, el enriquecimiento que puede traerles como familia (o en lo invididual), les aseguro que es enorme.

Te invito a ver el proceso como una oportunidad para ti y para tu hijo(a); una oportunidad de crecer, de salir de esa zona de confort, de mejorar… pero sobre todo, una oportunidad de abrirnos al afecto. El tomar la decisión de llevarle a terapia, implica tenerle mucho amor a tu peque. Implica el admitir como padre o madre que la situación por la que pasa, necesita un apoyo extra que quizás no puedes darle en ese momento, y es otro modo de demostrarle cuánto le quieres.

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