“Lo tienes todo, no tienes por qué estar deprimido”: El Mito de la Depresión

Existen motivos para estar triste, la tristeza como toda emoción humana cumple una función adaptativa tanto psicológica como fisiológica, sin embargo su exacerbación puede llegar a convertirse en una limitación real tan incapacitante como cualquier otra enfermedad grave.

A diferencia de la enorme gama de enfermedades que nos afectan, la depresión parece ser reconocida y validada social e inclusive personalmente solo cuando encontramos motivos razonables que justifiquen esa emoción y su intensidad.

Las pérdidas por ejemplo, posiblemente sean los motivos más reconocidos socialmente para la justificación de la tristeza intensa, es por eso que las personas parecen portarse muy comprensivas con alguien que ha sufrido una pérdida importante como a un ser querido, una relación o un trabajo, mas no es así para quien ha perdido una mascota, un objeto o una oportunidad, en estos últimos casos es muy probable que las personas a su alrededor piensen: “está exagerando, solo era un perro” o “no se puede deprimir por alguien con quien solo salió 2 meses”.

Las situaciones de adversidad y las carencias de toda índole, también parecen ser motivos aceptables para sentir una tristeza tan extrema como en el caso de la depresión. Existen muchas personas que se deprimen por no consolidar sus metas y expectativas  económicas o profesionales, así como aquellos que en ausencia de relaciones satisfactorias pueden experimentar un gran vacío, sin duda muy doloroso; este último ejemplo es de los más difíciles de vislumbrar como un motivo válido para deprimirse, finalmente mucha gente piensa: “si esta solo/a es porque quiere” o “seguro nadie lo aguanta”.

La Felicidad “Comercial”

Actualmente experimentamos la “cultura de la felicidad”, esa felicidad que se vende muy fácil en las redes sociales y en nuestra vida cotidiana. Ahora todos dan tips para la felicidad, a veces los psicólogos hemos sido también parte de ello, lo ha hecho el movimiento del coaching e inclusive las marcas que como estrategia de marketing vinculan a sus marcas mensajes positivos que parecen ser la solución a un problema tan humano pero a la vez tan complejo.

En cierta medida, lo anterior nos ha generado una mayor dificultad para comprender la depresión y muchas otras vivencias humanas que son solo parte de la vida de cualquiera, por mucho o poco que queramos aceptarlo. De hecho solemos invalidar las experiencias de depresión de las personas (a veces de quienes amamos) con frases como: “no estés triste” o “no tienes motivos para estar triste ni deprimido”, “tienes salud y eso es lo importante”, “lo tienes todo en la vida, agradécelo, si no tuvieses nada entonces si tendrías motivos para sentirte así”.

No me mal entiendan, creo que muchas de esas frases tienen la intención de animar a quien notamos que se encuentra en esa situación, a veces con actitudes cálidas y cercanas y en otras con desesperación y frustración, sobretodo cuando a nosotros nos genera dolor o miedo el sufrimiento ajeno, sin embargo eso no elimina el efecto que genera en la mayoría que escuchan esa frase, un sentimiento de incomprensión que puede ser tan doloroso como la depresión misma que ya viven.

La idea de esta reflexión es clarificar el mito de que las personas no tienen motivos para deprimirse. Cada persona tiene una historia y a lo largo de ésta ha construido una infinidad de significados personales que rigen sus relaciones con los demás, consigo mismo y con el mundo, con el pasado, el presente y su futuro. Comprender estos significados es una tarea muy compleja para nosotros los terapeutas y muchas veces las aproximaciones que podamos realizar ayudarán sin duda a la persona deprimida más no solucionarán todos sus problemas, la vida misma tiene inherente a ella problemas y retos a superar.

Recuerdo a muchas personas hablando de cómo artistas y gente de los medios ha llegado al suicidio “teniendo todo”, “siendo famosos”, “teniendo dinero y juventud”; es algo que nos parece inaudito, también he escuchado expresiones como: “qué desperdicio”, ante estás expresiones del dolor humano en su grado extremo. En muchos de esos casos como en la mayoría de quienes padecen o han padecido depresión existen historias dolorosas, traumáticas o simplemente significativas y centrales, al grado de constituir aspectos del carácter como el pesimismo y la desesperanza, la autocrítica severa y la culpa, las altas e irreales autoexigencias y expectativas entre otros, y que al formar parte de la realidad subjetiva de cada quien se traducen en experiencias generales de tristeza profunda, lo que llamamos depresión.

Seguimos Intentando…

En mi experiencia ayudar a alguien con depresión es todo un reto, los profesionales e investigadores del campo de la psiquitría y la psicología clínica seguimos investigando e implementando métodos terapéuticos, medicamentos, enfoques, etc.

Recientemente se aprobó por la FDA en Estados Unidos la Ketamina, derivado de la Esketamina, un antidepresivo intranasal de Jhonson and Jhonson (como un spray para la naríz) que en cuestión de horas logra reducir síntomas significativos de depresión resistente a medicamentos convencionales, en su momento fui parte de los evaluadores clínicos de dicho estudio por lo que puedo afirmar los grandes beneficios de la medicina. Sin embargo, tal y como los mismos desarrolladores mencionaron en su momento, el medicamento alivia los síntomas, más no modifica el funcionamiento cognitivo, los esquemas y mucho menos la historia y significados de la persona o el carácter, aún así la noticia de este medicamento es algo digno de celebrar.

Se trata de “Acompañar”

Sí, así de simple y complejo a la vez; el proceso o tarea de acompañar a una persona deprimida puede ser muy subjetiva y no necesariamente hay una fórmula para el acompañamiento. Se trata de acercarse para transmitir comprensión, empatía ante el dolor, a veces tendremos que proveer de los cuidados básicos y en otras estimular la asistencia a un profesional para recibir algún tipo de tratamiento.

Las redes de apoyo familiares y de amistades son un recurso tan valioso como determinante para acompañar a alguien con depresión, siempre que no se transmitan actitudes de juicio o invalidación; y por último, escuchar con atención e intención de comprender. Algunos encontrarán inclusive su cura en la espiritualidad o canalizarán su dolor ayudando a otros, pero insisto, no existe fórmula única al menos desde mi experiencia como psicoterapeuta. El resto es algo que los profesionales tendremos que seguir estudiando e implementando con aquellos que decidan darnos la confianza de acompañarlos y tratarlos en tan difícil experiencia, para ello nos formamos tanto académica como humanamente.

El tema de hoy fue difícil, pero sinceramente espero que haya sido una reflexión con algún valor utilidad para ti, ya sea que conozcas a alguien que viva depresión o la estés experimentando tu mismo, está bien, la depresión existe, duele y nos limita, solo no olvides que tienes opciones para tratarla.

 

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