¿Qué significa “Aguantar” y qué efecto tiene sobre nuestro estado emocional?

He escuchado y acompañado a muchas personas que “aguantan” situaciones de vida o circunstancias que de primera instancia pueden resultar difíciles de comprender. ¿Por qué alguien se quedaría en un trabajo que le genera tanto malestar?; ¿por qué aguantar a ese familiar que constantemente abusa de nosotros exigiéndonos favores, sin ser recíproco con nosotros? O también ¿por qué sostenernos en un estado de tristeza e insatisfacción sin hacer algo al respecto?

“Aguantar” es posiblemente la manera en la que mejor sentimos poder sobrellevar una situación difícil, sin embargo, aunque podamos desarrollar muchas formas y estrategias para adaptarnos a dichas situaciones, tarde o temprano el costo emocional puede ser tan alto que comprometa nuestra salud mental y por supuesto el bienestar emocional.

Y cuál es el problema?

Muchas de las situaciones que aguantamos y asumimos imposibles de cambiar, se encuentran interiorizadas e inclusive normalizadas en nuestros esquemas cognitivos y sistemas de creencias; este proceso ocurre mediante múltiples canales, la interiorización cultural (creencias populares, historia, mitos, tradiciones, etc.) la interacción con la sociedad (Instituciones y valores sociales, movimientos influyentes actuales, etc.), la familia (roles, jerarquías, experiencias) y por su puesto nuestros procesos psicológicos internos.

Recuerdo alguna vez escuchar en sesión a un hombre manifestar “No hay nada peor que un hijo ingrato”, en su historia había escuchado esa frase toda su vida, era también un valor familiar; al pensar en su madre difunta, no podía ignorar todas las veces en las que no fue grato con su madre, experimentando una culpa intensa la cual asumía con responsabilidad a costa de sí mismo; entre las muchas cosas que en su momento se hablaron en la terapia estuvo la posibilidad de no continuar “aguantando” esa culpa, de hecho encontraba muchos motivos lógicos para no asumirse culpable, pero esa creencia estaba tan arraigada que impedía asimilar la información necesaria para continuar con su proceso de duelo.

Pero “aguantar” situaciones intrapersonales no es la única forma de iniciar una depresión; las relaciones de pareja también parecen ser espacios muy fértiles para sostener situaciones difíciles o inclusive destructivas en el nombre del amor o de la pareja. De los casos más fuertes que conocí de personas con algún trastorno depresivo grave, había un precedente de años (entre 10 y 15) aguantando una relación insatisfactoria, a veces con violencia, abuso y en otras con múltiples infidelidades o simplemente circunstancias decepcionantes y dolorosas ante las cuales la pregunta más obvia siempre fue ¿por qué quedarse en una relación así?

En el imaginario social, terminar una relación es sinónimo de fracaso y muchos(as) de nosotros(as) crecimos rechazando ese lado tan humano como lo es el errar, el fallar y por qué no, el fracasar; pero no solo eso, también tenemos ideas románticas como “el amor todo lo puede”, o “el verdadero amor puede lograr cualquier cosa”. Si bien las creencias anteriores también pueden ser una fuente importante de motivación y cambio, pueden representar importantes limitaciones al momento de tomar decisiones necesarias para nuestra estabilidad y salud.

Aguantar un trabajo que nos disgusta, nos desgasta o inclusive nos enferma parece ser una estrategia sostenible cuando la comparamos con la posibilidad de no encontrar otro trabajo u otra forma de ingreso; dicha posibilidad puede manifestar un temor inmenso, inclusive una especia de pánico, de modo que las emociones asociadas a los hechos y nuestros sistemas de creencias también dificultan en elegir alternativas a sostener situaciones dolorosas para nosotros.

Con el paso del tiempo, el aguantar comienza a “cobrarnos la factura”, cada vez somos menos capaces de adaptarnos a las mismas situaciones y el costo de ese intento cada vez es más devastador hasta llegar al punto de no encontrar satisfacción o sentido en los aspectos más importantes coachingde nuestras vidas, además de la percepción de la incapacidad de cambiarlo; en ese punto posiblemente la angustia, la ansiedad, la tristeza, entre otras cosas han constituido un trastorno depresivo caracterizado por la incapacidad de sentir esperanza sobre el futuro, definitivamente el sentimiento más doloroso en la experiencia humana.

Las buenas noticias.

La buena noticia es que, como mencioné al inicio de la reflexión, ninguna situación carece de alternativas para el cambio o de alternativas en su afrontamiento, siempre es posible hacernos las preguntas ¿Qué estoy aguantando?, ¿Por qué lo estoy aguantando? Y esto tampoco significa que la respuesta sea tomar decisiones determinantes como renunciar a un trabajo o divorciarse, todo depende de cómo nos planteemos aquello que aguantamos; al final existen muchas alternativas que en la medida que podamos visibilizar en nuestros procesos de reflexión, podremos considerar como la puerta de entrada a los cambios que necesitamos hacer, esa es una buena forma de comenzar a enfrentar la depresión.

Espero les haya gustado esta pequeña reflexión, la cual no busca ser “la respuesta” simple ante una compleja situación, sino una forma de motivar los primeros pasos del cambio que posiblemente necesitamos.

 

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