Terapia Psicológica o Acompañamiento Psicológico?

Quienes hemos estado alguna vez en terapia psicológica, sabemos que ésta representa un espacio muy complejo de encuentro y de interacción, pero también de confidencia, apertura, reflexión y diálogo, a la vez que el otro(a) (el o la terapeuta) diagnóstica, interviene y evalúa nuestro progreso, nuestro estado de ánimo y procesos cognitivos.

Esta es la complejidad en la que nosotros creemos. Creemos en el espacio de terapia como un espacio de crecimiento, donde como terapeutas ofrecemos lo mejor de nosotros en respuesta a la preciada confianza que día a día nos brindan las personas.

El Espacio de la Terapia

Es cierto, un espacio de terapia no consiste en realidad en charlas bonitas o motivadoras, pero eso no significa que no podamos utilizar lo alentador de una buena charla para generar un impacto positivo en el ánimo de las personas. En terapia generamos motivación, pero no a través de frases o meras reflexiones, sino a través de la comprensión de nuestros procesos psicológicos complejos.

Las conversaciones difíciles también son parte de nuestro que hacer cotidiano. Hablar de muerte, de pérdidas, de divorcios y traiciones, de secretos familiares, de problemas de salud, de los temores que nos acompañan adheridos a nuestra consciencia, entre otros; son conversaciones que durante años fueron calladas, surgen acompañadas de un sin fin de emociones y sentimientos en aparente conflicto y de pensamientos hirientes sobre uno mismo, los demás y la vida en general. Escuchar con atención plena se convierte en la herramienta principal de cualquier terapeuta, la tarea de entender, ordenar e integrar la experiencia consciente e inconsciente, emocional y cognitiva de las personas es la meta.

Y la Ciencia?

Por supuesto, usamos metodologías estudiadas, documentadas, en proceso de investigación y validación empírica. Nos basamos en propuestas teóricas sólidas para comprender la experiencia humana como una compleja interacción de elementos biológicos, personales, familiares, sociales, culturales e históricos; partiendo de ahí ofrecemos a las personas perspectivas, narrativas y posibilidades de integración, asimilación y acomodación de nuevos contenidos en la mente.

Los diagnósticos son herramientas muy útiles, a la vez que posibles limitantes en la tarea de comprensión de la experiencia humana. La Depresión y la Ansiedad son reales, existes procesos fisiológicos (básicamente bioquímicos) que fundamentan su existencia, sin embargo la manera en la que cada persona expresa su vivencia con su enfermedad puede ser abismalmente distinta y cada una de ellas requiere de una mirada sensible para su comprensión y por ende, su progreso en la terapia.

Acompañar…

Finalmente, “hacer terapia” a diferencia de “dar terapia” es un proceso de colaboración, una construcción de espacios, un encuentro relacional entre dos o más personas que deciden hablar y escucharse mutuamente. El acompañamiento es un ingrediente esencial, jamás me sentí cómodo con un médico, nutriólogo, odontólogo o psicólogo que no me transmitiera un interés genuino en mi persona y no solamente en mi problema de salud. Algunos enfoques en psicología plantean que la misma relación en terapia es sanadora, creo que es así en algunos casos; sin embargo la mayoría de ellos requieren nuestra capacidad de integrar la metodología con la humanidad que se representa en este espacio de encuentro.

Esta es la terapia en la que creo, esta es la terapia en la que creen los colegas que más admiro y que comparten conmigo la visión por la que trabajamos día a día en este proyecto llamado Psicomérida, a ellos(as) y a todos(as) quienes me han regalado 5 minutos de su tiempo leyendo esta reflexión, muchas gracias.

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