El manejo de emociones en los niños

adolescentes-1730797En la Inteligencia emocional en niños y para comprender y manejar las emociones, debemos tenerlas presentes en todo momento, siendo la infancia una etapa crucial en el aprendizaje del manejo y control de las mismas.

Si bien para los adultos resulta verdaderamente difícil controlar las emociones en determinados momentos, para los niños este control es aún más complicado al carecer de experiencias previas similares y estrategias de abordaje. En ocasiones, nos encontramos con niños cuyo control emocional es prácticamente inexistente. Se muestran irascibles e irritables a menudo, no se les puede negar nada porque están acostumbrados a que se les permita y consienta casi todo. Además, se muestran especialmente frágiles e irritables ante los fracasos, respondiendo de manera agresiva y hostil a este tipo de situaciones.

Estas reacciones son realmente perjudiciales para el / la niño/a, ya que no sólo le van a limitar su relación e integración en el grupo de iguales, sino que incluso, pueden llegar a afectar a su salud.  De hecho, algunas investigaciones han puesto de manifiesto que la experimentación de emociones negativas deriva en una disminución de las defensas, convirtiéndonos en personas vulnerables.

El conocimiento, comprensión y control de las emociones, es por tanto vital, pues éstas nos permiten adaptarnos, comunicarnos y desenvolvernos en sociedad. Además, no debemos olvidar que la emoción es fiel compañera de la motivación, el motor de la consecución de objetivos.

Destacamos que la Inteligencia emocional en niños para la adquisición de competencias emocionales prepara al niño para la vida, le permite estar atento y poder defenderse de posibles peligros sociales que le puedan acontecer, como por ejemplo el de las adicciones. La comprensión de las emociones nos permitirá también controlarlas y tolerarlas.

El enojo

Una de las emociones que causa mayor dificultad en los niños es el enojo o la ira. Es muy importante enseñarles a los niños a reorientar el enojo. Encontrar las razones que lo causan y tratar de explicar la situación en un momento posterior cuando se pueda escuchar con calma. Es necesario que los niños aprendan técnicas para el control de la ira, porque ellos también estarán expuestos a situaciones donde la ira se hace presente.

¿Qué hacer ante las conductas agresivas de nuestros hijos?

Cuando tu niño manifiesta expresiones de ira tales como gritar, pegar o romper cosas, lo más habitual es decirle: “No grites”, “No pegues”… Pero hay que pensar que la partícula “no” es una negación, y con ella pretendemos la paralización de la conducta, pero insistiendo en el “no”, no ayudaremos a nuestros hijos a saber qué hacer. Por lo tanto, es fundamental seguir una estrategia diferente:

  1. Mantener el control: Es muy importante que los padres sean capaces de controlarse, ya que los niños imitan lo que ven. El dicho “haz lo que yo diga y no lo que yo haga” no vale con los niños. Si cuando te enfadas con él le gritas o incluso le insultas, será lo que él haga cuando sienta ira. Pero si le demuestras que hablando y con una actuación coherente el enfado desaparece, lo percibirá como una forma de expresión eficaz.
  2. Observar a tu hijo, investigar y reflexionar sobre su comportamiento para saber qué está pasando: Es frecuente etiquetar comportamientos de los niños sin tener en cuenta factores como si están enfermos, cansados y, por supuesto, sin valorar el tipo de comportamiento. No es lo mismo que entre en casa dando un portazo y gritando, a que esté insultando a su hermana porque le ha roto algo. Observar implica ver qué hace y por qué lo hace.
  3. Reflexionar con él sobre las causas de su enfado: En el momento que el niño establece una relación directa entre motivos y conductas, comienza a analizar las situaciones de una forma más eficaz y aprende a responder también de un modo más adaptativo. También es muy importante identificar los antecedentes del comportamiento, no solo externos (me han insultado, no me deja su juguete…), sino también internos (hambre, cansancio, etc.). Y, finalmente, cuando nos cuente algo hay que prestarle una atención constante.
  4. Enseñarle las conductas adecuadas que le permitirán prevenir, canalizar y no utilizar la agresión verbal o física. Si observas que cuando tu hijo quiere algo va a otro niño y se lo quita sin más, o le pega, debes ayudarle a utilizar otros comportamientos.
  5. Insistir en que utilice el lenguaje. Es muy importante que utilice la palabra para expresar su ira. El hecho de que diga “Estoy enfadado” implica que ha identificado la emoción, un primer paso para expresarla adecuadamente.
  6. Medir la información que damos al niño sobre su comportamiento. Hay que evitar expresiones como “eres malo por pegar a Luis”, “cuando te pones así eres insoportable”. Todas estas verbalizaciones se refieren a una calificación global y estado permanente del niño (“eres”) y sin duda minan su autoestima. Por eso es fundamental que aprendas a criticar el acto concreto y no al niño; “el hecho de que hayas pegado a Luis está muy mal y significa que no querrá jugar más contigo”.
  7. Ser justo con él. En ocasiones, estarás tan enfadado que te resultará imposible no gritarle o decirle algo incorrecto. Si después, una vez calmado, reflexionas y le pides perdón por el comportamiento erróneo, verá que reconocer el error no nos hace peores y que es algo que debe hacerse cuando uno se equivoca. No por ello perderás autoridad, sino que ganarás su respeto.

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Psicomérida, Especialistas en Psicología
Psicólogos en Mérida, Yucatán.
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